Adriana Herrera
Conoceréis la verdad...
Nunca fui problemática ni una estudiante brillante, pero siempre me fue muy bien. Muy dócil con mis papás, no tuve muchos novios. Para mi familia soy una chica buena (bueno, ya no soy tan chica).
De adolescente, empecé a asistir a la misa católica y a buscar a Dios. Una compañera me llevó a su iglesia evangélica y ahí “empezó cristo a padecer”... Puedo decir con todo mi corazón que busqué el “Reino de los Cielos”. Soy muy social, así que el afán por hacer amigos no fue lo que me impulsó a asistir a la iglesia. Mis amigos cercanos sí se sorprendieron de mi cambio, porque dejé de ser yo misma y empecé a sentirme culpable por todo. Dejé de ser divertida. Por consejo del pastor, terminé con mi novio, dejé de ir a fiestas y bailes y me volví algo introvertida.
Nunca hablé en lenguas, creía que estaba haciendo algo mal y el Espíritu Santo no me quería “bautizar”. “Descubrí” todo lo que el diablo hace, que se mete en las almas de los mejores compositores para hacer música genial, y sin remedio lleva a los cristianos a la perdición con sus mensajes subliminales. Supe de “ministerios” de expulsión de demonios y que cualquiera en la calle podía estar poseído.
Después, el miedo enorme a cometer el “pecado imperdonable”. Despertaba a media noche con verdadero pánico, despertaba a mis papás y a mi hermana, quienes no entendían. Por esta época empezaron mis pesadillas. Aunque hablé con el pastor y con otros “hermanos”, sentía que no lo podía manejar. Y oraba, pero nunca sentí a Dios. Le rogaba que me diera la fuerza espiritual para enfrentar mis miedos pero nunca me respondió. Empecé a faltar a la iglesia hasta que dejé de ir. Y mi culpa se hizo mayor.
Me daba envidia ver como otra gente iba a la iglesia y buscaba a Dios. ¡Ellos sí lo encontraban! Volver a la iglesia, era volver a mis miedos y no tenía fuerza. Creía que el diablo había ganado.
Sonará muy infantil, pero cuando leí “El Código Da Vinci”, empecé a cuestionarme por qué las cosas eran como eran. ¿Por qué Jesús no se casó? Era Dios. La mayoría de la gente tiene pareja e hijos, debería haber dado ejemplo de esposo, padre y vecino (a lo Ned Flanders). Cuando leía la Biblia, leía las “partes comerciales”, es decir las partes bonitas y aún así me parecía que algunos versículos no tenían secuencia. Por ese tiempo tuve más acceso a internet y supe del Concilio de Nicea en un programa de Discovery. Empecé a pensar que tal vez las cosas eran distintas a como me las habían contado.
Igual, seguí creyendo. Tenía dudas sobre Jesús y cuando oraba lo hacía a mi “Padre Celestial”, aunque de dientes para afuera me decía “cristiana”. Aún tengo amigos cristianos a los que quiero mucho. En una ocasión pedí una oración por una primita que había tenido problemas al momento de nacer. Por dicha la beba se recuperó. ¿Cómo podía yo no creer después de semejante milagro? Me hice el hábito de orar diariamente pero me sentía desconectada de Dios y culpable.
Hace como 5 meses en medio de una crisis emocional envié un mensaje a mis amigas sobre lo que significa “ser cristiana”. Me quedé reflexionando, me entró sentimiento y me puse a llorar. En mi desesperación empecé a orar. Le pregunté a Jesús por qué me había puesto a creer una historia tan absurda como la de una virgen embarazada,¿Por qué se sacrificó para perdonar? ¿No podía perdonarnos así no más? La “Mano de Dios”, o la “Conciencia del Universo”, o quién sabe qué, hizo que me tranquilizara (¡ja ja!).
Aunque no lo crean mi oración fue “contestada”. A los días, vi un post de una página a la que recientemente me había suscrito, con una foto de otra página que resultó ser atea. Siguiendo los links y con ayuda de mi esposo (ateo reprimido por años) me puse a investigar. Desde que esto empezó, acabaron las pesadillas, más de 20 años después.
Hoy soy libre.
"Creer en Dios es un insulto a Dios. Porque, por un lado, creer en él supone acusarle de haber perpetrado actos de una crueldad extrema. Y porque, por otro lado, creer en él implica suponer que, perversamente, ha dotado a las criaturas humanas de un instrumento – el intelecto – que inevitablemente les lleva a negar su existencia. Es tentador concluir que, si existe, será a los ateos a los que más ame, porque son ellos los que más en serio se lo han tomado". - Galen Strawson

jeje que genial pensamiento ^^
ResponderEliminarinteresante...un poco suelta de cabos...pero interesante...mi esposa es aun creyente....pero desde que retorne al ateismo, tal y como naturalemente se nace, ella empezo a usar mas su criterio, hoy sigue creyendo, en su afan de aferrarse a sus costumbres, solo que cuestiona lo que antes era impensable....poco a poco asumira su verdadero camino, el escepticismo natural con que naces......!! mis hijos iran por el camino mas facil, pues no se les inculcara las falacias divinas...
ResponderEliminarInteresante tu historia, parece que muchas veces se olvida el daño psicológico que
ResponderEliminarlas religiones pueden causar, y no solo las sectas sino las religiones judeo-cristinaanas tradcionales